Bizcocho esponjoso de mantequilla
←1087 / 1087
Postres

Bizcocho esponjoso de mantequilla

ML
Por Marie Lefebvre · Actualizado el 28 de septiembre de 2026

Este bizcocho esponjoso de mantequilla es un clásico de la repostería casera que conquista por su miga tierna y aireada, conseguida gracias a las claras montadas a punto de nieve. Su aroma a mantequilla y su textura que se deshace en la boca lo convierten en el compañero perfecto del café de la tarde o de cualquier celebración familiar. Fácil, económico y absolutamente delicioso.

Preparación⏱️ 35 min
Porciones👥 12 pers.
Dificultad📊 Fácil
↓ Ir a la receta
Sé el primero en valorar esta receta
Pinterest WhatsApp Facebook

🛒 Ingredientes

12 pers.

12
  • 4 huevos (claras montadas a punto de nieve firme, yemas separadas)
  • 2 tazas (400 g) de azúcar
  • 2½ tazas (300 g) de harina de trigo tamizada
  • 100 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 1 taza (250 ml) de leche entera tibia
  • 1 cucharada sopera de levadura química en polvo

Preparación

  1. 1

    Precalienta el horno a 180 °C. Engrasa y enharina un molde redondo de 24 cm.

  2. 2

    Bate las yemas con el azúcar y la mantequilla blanda en un bol grande hasta obtener una crema pálida y esponjosa.

  3. 3

    Incorpora la leche tibia en hilo fino sin dejar de remover, luego añade la harina tamizada en tres veces, mezclando con suavidad para evitar los grumos.

  4. 4

    Agrega la levadura y remueve con movimientos cortos hasta integrarla por completo.

  5. 5

    Monta las claras a punto de nieve firme con una pizca de sal. Incorpóralas a la masa en tres tandas con movimientos envolventes de abajo hacia arriba para no perder el aire.

  6. 6

    Vierte la masa en el molde y hornea 35 a 40 minutos, hasta que la superficie esté dorada y un palillo salga limpio al insertarlo en el centro. Deja reposar 10 minutos antes de desmoldar.

💡 Consejo de la chef

La mantequilla debe estar bien blanda — sácala de la nevera con al menos una hora de antelación. Para aromatizar el bizcocho, una cucharadita de vainilla o la ralladura de un limón sin tratar hacen maravillas.